El reverso de la piel, espacio olvidado

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Galería ABRA Cultural

Buenos Aires, Argentina

Septiembre - Noviembre 2023

Un cuerpo sin órganos que reclama su derecho a imaginar otro escenario posible frente a la amenaza latente de terricidio, agrieta el orden preestablecido -considerado “natural”- en el que lo humano está por encima de todo, para delinear una nueva superficie de contacto desjerarquizada signada por el constante devenir como destino común, más allá de las taxonomías impuestas.


El reverso de la piel, espacio olvidado, de la artista Martina Servio Olavide, propone morir -vaciamiento- mediante una obra teatral no naturalista (acto I) y vivir -nueva producción de sentido- a partir del diálogo transdisciplinar que toma la sala de exhibición (acto II). La confluencia entre estas instancias expositivas narra el proceso de devenir previo a adentrarnos en una transición planetaria cíclica, en vez de jerárquica, en donde humanos, animales, plantas, máquinas e híbridos-trans|especies- conviven en equilibrio anteponiendo la cooperación a la competencia.


En la obra teatral, la vitrina -útero | planeta- irradia su latencia impulsando a los actores a experimentar en su punto más álgido las emociones que signan nuestras vivencias desde el nacimiento hasta la muerte -miedo, sorpresa, felicidad, ira, asco, tristeza- con el propósito de agotar (¡qué vuelen por los aires!) las estructuras heredadas que moldean “lo humano” y sumergirse en la promesa de la fluidez.


En la sala de exhibición, este objeto escultórico -espacio de transición- actúa como contenedor y evoca la memoria universal de un cuerpo que supo devenir. Polvo color sangre, vertebras suspendidas en desuso y exhuvias que evidencian que hubo una muda de piel, actúan como rastro (cicatriz) y anclaje (recuerdo).


Un cuerpo sin órganos es aquel que renuncia a ejercer las tecnologías de la violencia que le fueron otorgadas -depredación, colonización, explotación, extractivismo, abuso- para volverse uno con “el otro” en una cartografía signada por desbordes en vez de fronteras. El vacío, más que el final, encarna la potencia de la posibilidad.


“La fusión y confusión de los cuerpos, las manos y las lenguas mezclándose; algo inexplicable como la sensación de estar vivo…”.


Agustina Rinaldi, curadora